¿Cuántos años esconden las siglas (L)GTBI?

“A mi generación se la educó para que todas las niñas fueran buenas, estuvieran quietas y cosieran… entonces nosotras, influenciables, nos adaptábamos a lo socialmente correcto. La represión hacia el colectivo lésbico viene al pensar en el género como construcción social ligada a estereotipos”.

Conversación con Isabel Quintairos

22 de febrero 2017

SER LESBIANA EN EL FRANQUISMO

La historia lésbica en España refleja la lucha por la igualdad del colectivo LGTBI. Tras el fin de la Guerra Civil, la dictadura franquista reprimió cualquier atisbo de libertad, haciendo que las mujeres lesbianas emplearan códigos específicos para comunicarse entre ellas y se organizaran en torno al mundo de las vedettes y coristas durante los 50 (época de falsa apertura social tras la experiencia autárquica).

La dictadura consideró a las lesbianas como “una amenaza para el orden público” (al igual que el resto del colectivo LGTBI). Así, la Ley para Vagos y Maleantes incluyó en el año 1954 a los homosexuales.

Como diría el sociólogo y escritor canadiense Erving Goffman en su teoría de las apariencias, los homosexuales eran vistos a ojos de las personas heterosexuales como gente caracterizada por un atributo desacreditador (estigma) por el cual la sociedad no querría entablar ningún tipo de relación social con ellos (de ahí la marginación social). La identidad social de los homosexuales estaría marcada por “defectos del carácter que se perciben como falta de voluntad”.

LA OPINIÓN DEL CÍRCULO

Nuestro círculo de lectura crítica lo tiene claro: no hemos avanzado tanto. La sociedad franquista vivía bajo una concepción católica que “obligaba” tanto a hombres como a mujeres a ser heterosexuales. Mientras gays y transexuales fueron reprimidos por la aplicación de leyes y la reclusión en cárceles, las mujeres lesbianas lo fueron a través del psiquiátrico, la Iglesia o el matrimonio propio de una sociedad católica.

Alberto Hernández –coordinador de Ultreia– insiste en que mucha gente no es consciente de esta lucha porque la homosexualidad era algo muy minoritario entonces. “Imagínate que una mujer de aquella época saliera del armario ¡la de palos que le caerían! Además, con la Ley de Peligrosidad Social podían ser llevadas a psiquiátricos y aplicárseles electroshocks. Lo poco que hubo en el franquismo fue el Movimiento Español de Liberación Homosexual, encabezado por Armand de Fluvià, con reuniones clandestinas y mucho material importado de la revista francesa Arcadie, que a veces ni llegaba a la frontera por ser material no autorizado“.

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A la izquierda: Ana Fidalgo y Alberto Hernández

Por su parte, Ana Fidalgo –estudiante de Psicología de la USC– opina que muchas personas que vivieron esa época no fueron conscientes porque la represión que sufría el colectivo estaba muy invisibilizada, especialmente fuera de grandes núcleos urbanos. “Dudo que la sociedad sepa del transcurso histórico de la lucha” –decía.

Tras el debate, el círculo concluyó que teniendo en cuenta el modelo de sociedad de la que venimos, no es extraño que a día de hoy las lesbianas se sigan enfrentando a agresiones homófobas. “Además, esto confluye con el machismo: el hombre está más reconocido. De hecho, en algunas teorías de activistas queer siempre se hacen estas jerarquías: el hombre homosexual no es el más discriminado, los casos de mayor discriminación se dan en las mujeres transexuales y lesbianas” –apuntaba Alberto.

TESTIMONIOS AJENOS AL CÍRCULO

Matilde Albarracín, autora de “Vidas de Lesbianas en el primer franquismo” (libro y documental) explica que ellas pasaban más desapercibidas que los hombres homosexuales porque estaban muy bien organizadas y muchas eran “muy femeninas”, por tanto su forma de vestir “no les delataba”.

“De cara a la familia o cuando venía la policía también teníamos nuestras estrategias” –asegura Luisa Salmerón, octogenaria que ha ayudado a Matilde a escribir este libro. “Por ejemplo, solíamos salir en parejas con amigos gays para fingir que éramos novios. Y sobre todo, lo más importante para nosotras era nuestra agenda con los números de las mujeres que íbamos conociendo”, explica.

Charlando con Guillermina Domínguez sobre la situación en la que se encontraban las lesbianas durante el posfranquismo (1954), me comentaba: “¿Cómo dices, viviendo en Santiago en 1968, que eres lesbiana? Y encima con familia católica y educada en un colegio de monjas. Yo no salí del armario en su momento, ni muchas de nosotras. Yo lo hice 40 años después, y ahí vi que la sociedad la está cagando. Actualmente coordino el Departamento de Igualdad en el IES San Clemente, y tengo que hacerlo todo yo, ¡yo! que estuve a punto de caer en depresión mientras la psicóloga me decía que era el espejo de muchas mujeres que no se atrevieron a romper con los tabúes de la época”.

A su vez, la periodista Isabel Quintairos –que actualmente no ejerce tras su despido nulo de la cadena COPE– me afirmaba: “Llegué a conocer a una chica en un pueblo de Ávila a la que su padre metió en un psiquiátrico. Todo esto en el año 2005”.

Estos testimonios de “los mayores LGTBI” son los que desmienten el paso del tiempo. Entendemos estas siglas como una lucha actual, marginando así a los antecesores de quienes hoy luchan por una sociedad pro igualdad.

BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA

López, V. D. (24 marzo 2017). “Los mayores LGTBI, de los palos del franquismo al olvido”. Eldiario.es. Recuperado de: http://www.eldiario.es/sociedad/LGTBI-mayores_0_625738045.html [Consulta: 25 marzo 2017]

Montagut Contreras, E. (11 marzo 2011). “Cómo vivían las lesbianas en el franquismo”. Marginados en la historia. Recuperado de: http://marginadoshistoria.blogspot.com.es/2012/03/como-vivian-las-lesbianas-en-el.html [Consulta: 25 marzo 2017]

Campelo, P. (25 julio 2012). “Homosexuales bajo el yugo de Franco”. Público. Recuperado de: http://www.publico.es/espana/homosexuales-yugo-franco.html [Consulta: 25 marzo 2017]

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2 comentarios en “¿Cuántos años esconden las siglas (L)GTBI?

  1. Bos días, PD
    Paréceme un artigo moi interesante no que se amosa a cruda realidade. En primeiro lugar, gustaríame recalcar as palabras que sostedes no voso círculo: pois ben é certo que “non avanzamos tanto”. Por desgraza, aínda segue sendo un tema no que temos que aprender e ensinar moito á sociedade.
    Lendo os testimonos dos que forma parte o artigo, poido chegar a “entender” que na época franquista fose mooooito máis complicado saír “do armario” e enfrontarse a todas as consecuencias que acarraría e que, sen dúbida, non sairía un ileso polo momento e a ideoloxía vixente. Mais, en pleno século XXI, paréceme impensable. ¿Non é hora de poñer fin a todo tipo de desigualdades ridículas das que formamos parte todos os días? Temos que seguir cara adiante, buscando a normalidade cando un home vai da man dunha muller, cando dúas mulleres se bican ou cando dous homes se acarician.
    Con todo, deixoche aquí un enlace http://www.ambienteg.com/ onde podes atopar unha especie de blog no que cada día se amosan noticias sobre gays, lesbianas, etc. E pos suposto, con total liberdade e buscando a igualdade.

    Gústame

    1. Buenas Judit. Realmente sí considero que deberíamos poder llegar a considerar estas desigualdades como “ridículas”, pero de momento no deberíamos usar este tipo de calificativos, ya que prácticamente todos los días vemos una noticia similar de agresiones homófobas en los diarios. Creo que hay que cuidar el lenguaje para no herir ningún tipo de sensibilidad.

      Respecto Ambiente G, ya conocía el sitio, pero me alegro de que para ti haya sido un descubrimiento en caso de que no lo conocieras hasta ahora.

      Gracias por tu comentario, Judit.

      Gústame

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